Recordatorio
Vida estrellada, quítate de las sombras:
cuando vivimos, la muerte no sentimos;
nada sentimos, cuando morimos.
Los pétalos de la rosa negros
que escamotean en tu sueño el rocío,
déjalos podrirse en la gracia de tus caprichos.
Fácil se obtiene lo bueno:
sacúdete las guirnaldas que tu ego
moldeó displicente con el barro
de tu imaginación consentida.
Aparta los miedos que adrede ignoras,
que sangran en canales de tu mortal fortaleza,
y vuelve jubiloso y galopante aquel corazón tuyo.
Que en tu cabeza resplandezca,
cual huella que dejó Buda,
el sonido elocuente, libre, independiente,
de la energía hambrienta de dulzura,
de la savia que acurruca en el aire
tus alas púrpuras de mariposa.
Comentarios
Publicar un comentario
Deja tu comentario aquí